Para todos quienes bordean los cuarenta años (o cincuenta), seguramente, el recuerdo del sabor del tomate aún perdura. Hoy, eso pareciera ser una virtud perdida y que no existe en la nueva era. Los consumidores más jóvenes no tienen la memoria o incluso la noción de que los tomates alguna vez fueron tan sabrosos que se podían tomar con una mano y comerlos sin problema tal como si se tratara de una manzana o un durazno. ¿Qué pasó? En palabras sencillas, su estructura fue alterada genéticamente. ¿Cuándo, cómo y por qué? es lo que precisamente dio a conocer el Dr. Alan Bennett, Investigador del Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de California-Davis durante su presentación en III Conferencia Internacional de Cultura Científica de la Universidad Andrés Bello.

“Las plantas silvestres pasaron a ser plantas cultivadas y domesticadas por el hombre (…) El tamaño del tomate es uno de los factores de domesticación que hizo que esta planta fuese mucho más atractiva para el uso y la producción humana. Se hicieron cambios muy pequeños, naturalmente seleccionados por los seres humanos y mantenidos en la población. La sustitución de un número de genes mutantes en nuevos cultivos han sido las características del cultivo intenso, alterando su sabor y aroma original (…) Por ejemplo, existen 45 resistencias a tomates silvestres que han sido transferidos a los tomates cultivados comercialmente” explicó el investigador.

Expositor: Alan Bennett. Investigador Departamento de Ciencias Vegetales, Universidad de California-Davis (Estados Unidos).

Octubre 2015